España asume, durante el primer semestre de 2010, la Presidencia del Consejo de Ministros de la Unión Europea por cuarta vez desde su ingreso en la CEE, en 1986. En esta ocasión el reto es doble. De un lado, el mandato español estrenará la agenda de reformas estructurales que pone en marcha la compleja maquinaria del Tratado de Lisboa.
Pero además, en estos seis meses a España le corresponde negociar acuerdos comerciales bilaterales de la UE con países como Estados Unidos, la India, Japón, Canadá o Rusia; regionales, con América Latina y el Caribe; y acuerdos de carácter multilateral, con la conclusión de la Ronda de Doha como objetivo prioritario.
“Son necesarios acuerdos de la UE con terceros países para impulsar la seguridad jurídica en esos mercados a los que se exporta”, apunta Felipe Silvela, gerente de Arteoliva, una empresa española del sector agroalimentario. Al igual que él, otros muchos responsables de pymes en España le piden a Europa que haga un frente común y desarrolle acciones conjuntas en aspectos que están afectando a su actividad.
Este es precisamente el cometido para el que el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio ha creado la Comisión Consultiva de Negociaciones Comerciales Internacionales, un organismo pensado para escuchar la voz del sector exportador español a la hora de diseñar la política comercial de la Unión Europea.
Objetivo, mercados abiertos

El Secretario General de Comercio Exterior, Alfredo Bonet, relata la actividad que va a desplegar la Presidencia española de la UE en materia de política comercial.
Madera de líder
Los expertos coinciden en que la imagen-país saldrá reforzada de la etapa presidencial. La profesora de la Universidad de Deusto y experta en asuntos comunitarios, Begoña Iñarritu, apunta que “España tiene la oportunidad de proyectarse hacia el exterior, influir en asuntos de trascendencia mundial y demostrar que es capaz de asumir el liderazgo en una Unión Europea de la que hoy ya forman parte 27 Estados”.
No obstante, advierte que hay que tener en cuenta que España estrena un marco institucional que le restará protagonismo en favor de los nuevos órganos comunitarios: una presidencia estable del Consejo Europeo -cargo que ostenta el belga Herman Van Rompuy-, el Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad -que corresponde a la británica Catherine Ashton-, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEE), un Parlamento más poderoso y el sistema de Presidencias en equipo de 18 meses, junto con Bélgica y Hungría.
El economista español Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI), apunta que “estos seis meses son una oportunidad para que España proyecte sobre Europa la fortaleza en ciertos sectores en los que tiene claras ventajas competitivas, como las energías renovables o el turismo, que al mismo tiempo están muy vinculados a la recuperación económica”.
Señas de identiedad españolas
En recientes declaraciones, la ministra española de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, anunció que el primer semestre de 2010 dejará “dos claras señas de identidad españolas”, refiriéndose al Espacio Europeo de Innovación y a la inserción de la I+D+i en la política de desarrollo de la Unión, el gran donante de fondos del planeta.
Por su parte, el ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, en su comparecencia del pasado 1 de octubre en el Congreso, avanzó las cinco aportaciones fundamentales de su cartera para los próximos seis meses:
1. Impulsar el Plan Solar Mediterráneo.
2. Promover la introducción del vehículo eléctrico en Europa.
3. Poner en marcha la Estrategia 2010-2015 para la Sociedad de la Información y la Carta de Derechos de los Usuarios de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).
4. Avanzar en la Ronda de Doha.
5. Impulsar un programa de turismo social europeo.
El “Plan Marshall” solar
La Presidencia española trabajará para que los 27 Estados miembros adopten planes nacionales de desarrollo de energías renovables. Será uno de los pilares del Plan de Acción Energético para Europa 2010-2014, que se aprobará durante el turno español.
En este escenario, España puede aportar a Europa su probada experiencia internacional ya que, junto con Alemania, es el país europeo con un mayor desarrollo tecnológico y capacidad de producción de este tipo de energías.