Estrenamos esta nueva sección de El Exportador Digital con el retrato de un hombre que, huyendo de los autoritarismos del siglo XX, decidió aplicar su perenne ideal de libertad creadora en un personal proyecto empresarial.
La raigambre cultural objetiva de uno de los españoles más destacables del panorama empresarial europeo actual, Miguel Rodríguez, paradigma del proverbial tesón con el que el pueblo español ha abordado tantísimas aventuras a lo largo de su historia, hunde sus raíces esencialmente en lo que podríamos llamar la última época histórica de una Europa confrontada -que la dictadura de Franco prolonga en sus fronteras- y en la que se fraguó en gran medida su impronta social y empresarial posterior a la Segunda Guerra mundial.
En efecto, Miguel Rodríguez, creador del Grupo Festina, actualmente una de las mayores empresas de relojes de Europa, forma parte de aquella generación de hombres que en medio del desvencijado anacronismo del último franquismo, a tientas muchas veces, empezó a vislumbrar y a empaparse, en su infancia y adolescencia, del sentido histórico de su tiempo, que una larga y funesta época dejaba sin embargo temblando como un perfume de esperanza en los aires de España.
Desde su infancia en la Línea de la Concepción, donde nació en 1948, vio cómo la muerte, en las vicisitudes de la guerra civil, le arrebataba a su abuelo materno, y aprendió precozmente esa diferencia vital entre la justicia y la injusticia que en condiciones más apacibles los humanos tardamos tanto tiempo en asimilar.
Por sus venas corre la sangre andaluza y la inquietud apasionada tan propia de esa región. La incertidumbre y las reyertas que la ocupación británica desde los albores del siglo XVIII infundiera en la población de la zona de la Línea de la Concepción, acendraron su joven espíritu liberal.
Cuando, en reacción a la aprobación británica de una nueva Constitución, Franco decide cerrar la frontera con Gibraltar en 1969, su padre, junto a varios miles de otros trabajadores, pierde su empleo, y parte junto a él hacia Badalona en lo que es para Miguel el comienzo de un exilio interior pero también el inicio de una aventura internacional que templará su carácter emprendedor poniendo en primer lugar de manifiesto uno de los elementos constitutivos más invariables de su personalidad: la solidaridad.
No una práctica adquirida en el marco de una ideología sino un sentimiento activo y un impulso profundo que en ese entonces se tradujo en el más decidido apoyo a las diferentes formas de resistencia al régimen y que hoy, labrado por los años y la reflexión, es sin duda la columna vertebral de la fuerza emprendedora del presidente del Grupo Festina.
“Me fui con 16 años de Andalucía, pero todos los días, en todas partes del mundo digo: yo soy andaluz. Primero soy español y segundo soy andaluz. Nosotros, la gente del sur, desde que tenemos uso de razón somos conscientes de la muerte y procuramos vivir en consecuencia. Hay mucha gente que se olvida de eso y hace una acumulación de riqueza innecesaria y que finalmente no sirve para nada porque no se transmite.”