Esta sociedad familiar, de capital 100% aragonés, ha hecho de la especialización una fortaleza y es hoy uno de los líderes mundiales en la fabricación de papel para cartón ondulado. Ahora, la tercera generación toma las riendas.
La historia de SAICA se explica a través de sus valores. Honestidad, discreción, austeridad, sacrificio, espíritu de trabajo, sentido de la responsabilidad, fomento de la unidad y la armonía en la compañía, esfuerzo emprendedor, investigación, innovación… Eduardo Aragüés desgrana los principios aprendidos a lo largo de toda una vida dedicada al negocio familiar; los mismos que, desde el comienzo, guiaron los pasos de los fundadores de SA Industrias Celulosa Aragonesa (su padre, Ramón Aragüés; su tío, Manuel Balet; el hermano de este, Jaime, y un amigo personal de los tres, Joaquín Rived). Ahora él, último representante en activo de la segunda generación, cede intacto ese legado. Cumplidos los 65 años, deja paso a savia nueva y abandona a principios de este mes la presidencia de SAICA.
Nos recibe en la sede del grupo, ubicada en el corazón de Zaragoza. Aquí empezó todo: corría el año 1943. “La madre de mi padre tenía un terreno en este lugar que, en aquellos tiempos, estaba aún muy lejos de la ciudad”, rememora. “Un empresario de Játiva les propuso fabricar cartón ondulado con el papel que elaboraban; ese cartón tiene la ventaja de que su estructura pesa muy poco y posee una gran resistencia al aplastamiento”. No lo dudaron; cargaron una bobina de papel en un camión y pusieron rumbo a Valencia. A partir de entonces “tuvimos claro que queríamos ser los mejores en un único producto: el papel destinado al cartón ondulado”. Y a ciencia cierta lo han conseguido, con una capacidad de producción que alcanza hoy los dos millones de toneladas al año, lo que les convierte en uno de los líderes internacionales del sector.
Integración vertical
Esa especialización, de la que Aragüés se declara convencido partidario, ha sido el principio rector de la trayectoria de SAICA. Reticente a la diversificación, su crecimiento se ha articulado en torno a un medido proceso de integración vertical. Así, a la actividad originaria de fabricación de papel (de la que se ocupa la división SAICA Paper) se han unido progresivamente la de recuperación de papel usado (SAICA Natur) y la de fabricación de cajas de cartón ondulado (SAICA Pack).
Pero, ¿qué pilares han sustentado la construcción de esta gran estructura empresarial? ¿Cómo ha logrado convertirse esta sociedad familiar en el conglomerado que es hoy, con más de 8.000 empleados y una facturación que ronda los 2.000 millones de euros? ¿Qué caminos han seguido, desde aquella primera factoría en Zaragoza, para ampliar su presencia nacional e internacional, hasta contar con 40 centros de recuperación, tres fábricas de papel y 34 plantas productoras de embalajes de cartón ondulado en un total de seis países? Eduardo Aragüés apunta algunas claves sin vacilar.