Aventurémonos a conocer China, dispersar porfiados mitos, acceder a la información sutil, sopesar las diferencias, entender el rumbo común dentro de un mundo globalizado de la mano de un español con dilatada experiencia en un enorme país cada día menos remoto.
“El DC-8 de Swissair aterrizó en Pekín un lunes 7 de julio de 1975 poco después de la 7 de la tarde. El vuelo SR316 había salido de Zúrich el domingo anterior y llegaba a la capital china después de un viaje de cerca de 20 horas con escalas en Ginebra, Atenas y Bombay. Un calor húmedo y pegajoso, y un retrato de Mao, en el edificio de arquitectura soviética de la terminal del Aeropuerto La Capital, fueron los primeros en recibirnos en China, y ese fue el comienzo de un contacto directo con el país más poblado del planeta que se mantiene hasta la actualidad”. Así recordaba Pablo Rovetta, 34 años después, su primera llegada a China, en una entrevista a Global Asia en otoño de 2009.
Originario de Montevideo, Rovetta pasó su más tierna infancia y juventud, hasta su partida a China, rodeado de literatura y referencias culturales chinas atesoradas en la librería propiedad de su padre, un destacado periodista uruguayo.
La China de aquel entonces, a la que llegaba el joven Rovetta, concentraba las luchas intestinas del poder como producto de los coletazos tanto del rotundo fracaso del Gran Salto Adelante -campaña a marchas forzadas hacia la industrialización impulsada por Mao a finales de los años 50- como de las purgas ideológicas suscitadas por una Revolución Cultural destinada en gran medida a consolidar el poder del Gran Timonel ya sin rumbo ante la deriva reformista que suponía la línea económica representada por Deng Xiaoping y Liu Shaoqi.
A lo largo de una estadía de más de 25 años, cuyos inicios coincidieron con el último período del poder de Mao, Rovetta ha tenido la oportunidad poco corriente de observar China desde el interior y desde diferentes ángulos. “He visto China como estudiante en dos universidades chinas, desde la perspectiva de una agencia de prensa, también desde la ventana de la Administración y de la promoción comercial, y ahora desde el ámbito empresarial, con lo cual he podido ser testigo de cambios importantes en el país”, señala con la pausada cadencia de quien sopesa la importancia que entrañan estos cambios.
Desde el término de sus estudios en la capital china, donde se licenció en Lengua China en la Universidad de Idiomas de Pekín y en Informática en la Universidad de Qinghua, toda su vida profesional ha estado relacionada con España. “Empecé aún estudiante haciendo trabajos de traducción en temas literarios del chino al español. En ese entonces, la agencia de noticias EFE, que tenía oficinas en la ciudad, me ofreció un trabajo en el que hacía desde traducciones hasta el estudio y análisis de toda la prensa china, de la radio y de la televisión”. Después de cuatro años trabajando para la Agencia EFE, donde escribió con profusión artículos sobre distintos aspectos de la realidad del país, pasó a formar parte del personal de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España (Ofecomes) en Pekín, donde fue analista de mercado y encargado de promoción comercial hasta 1989. Luego lo encontramos en Madrid, donde durante tres años trabaja como intérprete y asesor para diversas empresas y organizaciones españolas tales como el Grupo INI (Instituto Nacional de Industria) -impulsor desde 1941 de las principales empresas nacionales- o la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). En 1991 es nombrado representante permanente de Técnicas Reunidas en China y como tal fue el responsable de la apertura ese mismo año de la oficina de la empresa en Pekín. Desde 1995, ocupa el cargo de director para China de la compañía.