Obviamente, la atenta, perseverante, prolongada e inteligente observación de un país tan grande como complejo, tan diferente como pujante, tan diverso y misteriosamente unitario como China, es una labor, sin duda y casi necesariamente, apasionada, que pocos observadores occidentales pueden esgrimir y que solo un reducido número de ellos ha podido vivir en vivo y en directo.
Pablo Rovetta es uno de los pocos, al menos en España, que cumplen a rajatabla con estas condiciones objetivas y subjetivas de este tan deseable como necesario conocimiento en el ámbito de las relaciones empresariales y comerciales con esta suerte de avatar moderno del celeste imperio. En su pausada manera de conversar, una cierta sabiduría oriental es perceptible tanto como el afán de verter de la manera más fidedigna y pertinente los matices que dan cuenta de esas pequeñas diferencias sobre cuya multiplicación y lógica propia se construyen históricamente las grandes diferencias entre civilizaciones.
“Yo no soy economista y por eso me permito decir que una cosa son las cifras, siempre frías y aburridas, también parciales, y otra cosa es la realidad del país. Puedes leer 40 informes, leer sobre el país todos los días, analizar todos los indicadores macroeconómicos, pero es más que probable que esta información no diga nada sustancial acerca de las formas concretas que tiene la vitalidad que se ve hoy en China y que la rigidez de las cifras no puede reflejar”.
Como estudioso, prolífico redactor y difusor para España de la realidad china en diversos campos a través de la publicación desde 1982 de gran cantidad de artículos relacionados con este país, Rovetta destaca con frecuencia la experiencia de las empresas españolas allí instaladas para ilustrar hasta qué punto en China -dotada de buenas infraestructuras y con un alto grado de profesionalidad en sus principales mercados- se puede trabajar y triunfar.
El viejo proverbio chino según el cual lo flexible es en definitiva más resistente que lo rígido parece ilustrar perfectamente la no menos proverbial capacidad de adaptación que ha mostrado China en los últimos 30 años. “Es una capacidad que siempre ha tenido. Si uno analiza la historia de China, por lo menos en los últimos 150 años, comprenderá mejor su actual capacidad de adaptación”.
Se trata, en efecto, de un dinamismo que cada vez con mayor fuerza desborda sus fronteras. Es así como, en el sector de la energía, del petróleo y del gas en el que gravita Técnicas Reunidas, China es uno de los principales actores del mundo en este momento. “Las grandes petroleras chinas están saliendo por todo el mundo: a América, a Asia, a África, incluso a Europa. Es una realidad que nos obliga a hacer un seguimiento constante de la situación y de sus modificaciones”, puntualiza Pablo Rovetta destacando la labor insustituible de la oficina de Pekín en el marco de una estrategia global de Técnicas Reunidas en la que China desempeña un papel decisivo”.
De esta prometedora evolución tanto interna como exterior del gigante asiático -de la cual, portados por su estela, pueden beneficiarse las empresas de países como España, que están a la altura de este complejo y exigente mercado- no está ausente la preocupación relativa a la imagen-país. “Algunos dicen que España no tiene imagen en el país, agregando que esto no sería tan negativo porque lo peor sería tener una imagen mala. Pero, si bien es un tema complejo, está muy supeditado al sector en el que se trabaja”.
Una polémica que Rovetta solventa con una reflexión a la vez pragmática y elevada sobre dos realidades simples. Por una parte, el hecho de que China y España no tengan conflictos de intereses, ni políticos, ni económicos, ni diplomáticos, lo que representa un terreno ideal para el desarrollo e intensificación de las relaciones, en particular comerciales, entre los dos países; y, por otra parte, el hecho de que la presencia española en China, en comparación con lo que es la presencia comercial de los países de su entorno geográfico, siendo bastante más reducida, resulta ser algo más bien prometedor. Lo que está claro es que a China hay que dedicarle mucho tiempo, conocerla con humildad, ver cómo se hacen y mueven las cosas allí, y no viajar con ideas preconcebidas o solo con cuatro cifras en la cabeza.
RODRIGO VICUÑA