nº151 Junio 2011 Archivo
NIPO: 705-11-011-X
Tras las huellas de...
Yurrita e Hijos. Lobos de mar

 

Esta empresa centenaria ha superado la criba de los tiempos. El arte de la anchoa en salazón que aprendió de manos de los maestros salazoneros sicilianos ha llevado su marca Lorea a selectas tiendas de 60 países y la quinta generación familiar ahora al frente apuesta por una diversificación para ampliar horizontes.

 

Corría el año 1867 cuando José Miguel Mauleón, oriundo de Etxarri Aranaz pero casado con una muchacha de Mutriku, decidió levantar en esta localidad un edificio que albergaría su casa, la escabechería donde llevaría a cabo su labor artesana de escabechado de pescado del Cantábrico -besugo, bonito y atún- y una posada. El pescado -en escabeche y también fresco- se distribuía localmente mediante carruajes y mulas, y se servía gracias al ferrocarril a distintos puntos de España como Burgos, Madrid o Zaragoza. Este es el origen de Casa Mauleón, orgullo de la familia Yurrita, heredera de una de las pocas conserveras que ha sobrevivido hasta nuestros días el agitado zarandeo del tiempo en esta región vasca abierta al mar.

 

 De izquierda a derecha: Jorge Yurrita, Alfonso Yurrita y Juan Yurrita,respectivamente director gerente, presidente y director gerente de Yurrita e Hijos SA. Joaquín Núñez/©ICEX

Francisca Antonia, una de las hijas de José Miguel, contrajo matrimonio con el comerciante José Agapito Yurrita, quien en 1879 entrara en el próspero negocio familiar. Dicho matrimonio hereda el negocio completo -a decir verdad, José Miguel toma la decisión de vendérselo-. A principios del siglo XX, una colonia de salazoneros sicilianos, atraídos por la riqueza del caladero de anchoas del Mar Cantábrico, se instalaba en la villa cada primavera. Residían en la posada y alquilaban la escabechería para llevar a cabo su producción anual de anchoa. “Habían hecho un dinero en California y vinieron aquí a hacer la salazón, que es lo que conocían”, recuerda Alfonso Yurrita, nieto de Francisca Antonia y padre de uno de los directores gerentes actuales.

 

La familia, arraigada en Mutriku, aprendió la técnica de la anchoa alla vera carne, como la denominaban los maestros salazoneros sicilianos, y el padre de Alfonso, Agapito José Yurrita, ya a cargo del negocio familiar, decidió centrarse principalmente en la salazón de anchoa, aunque sin prescindir del todo de la actividad anterior.

 

La totalidad de la producción en salazón se mandaba a Génova, donde estaban las casas comisionistas italianas que controlaban la distribución. “Era exportación de campaña”, reconoce Alfonso Yurrita. No había estrategia como tal.


El inicio de la Guerra Civil apenas supuso un bache en la actividad de la empresa, que retomó el pulso tan pronto como en 1937. El hermano de Alfonso, Agapito Tomás Yurrita, entra en la empresa en 1941. En 1945, la fábrica abre una filial en Lekeitio junto a un socio local que se retiraría del negocio en 1963. En 1952, se incorpora el propio Alfonso, cuyos conocimientos de inglés y su ansia viajera fueron cruciales para la búsqueda de nuevos mercados de exportación para la producción del filete de anchoa, una moderna técnica de producción que habían incorporado en 1946.

 

Salto en el vacío

En la década de los 50, se abandona la producción de escabeches y el mercado nacional. “Nuestro reto de exportar nació de la convicción de que en España no se podía hacer nada en manos de los almacenistas de la época, que abastecían a tiendas y bares”, rememora Alfonso. En una revista holandesa llamada Trade Channel, vio que American Roland Food, importante empresa estadounidense, deseaba contactar con exportadores, entre otras cosas, de anchoas. Alfonso se puso en contacto con ellos y a partir de 1956 este productor español se convirtió en proveedor de la importadora estadounidense. “Fue casi nuestro cliente único en años para el filete de anchoa y nuestra salvación. De ahí vinieron todos los demás”. Aunque Italia siguiera siendo el principal cliente para la anchoa en salazón, Alfonso empieza a acudir a las ferias SIAL en París y ANUGA en Colonia para buscar importadores interesados en su producto diferenciador: el filete de anchoa. “La mayor parte de los clientes se ha hecho a través de ferias de alimentación”, asegura Alfonso, quien tampoco dudaba en explorar, provisto de muestras de producto, países donde hubiera un mercado interesante. “Se ha viajado mucho a ferias y en misión comercial a diferentes países”, muchas veces con apoyo institucional.


En 1963 se disuelve la sociedad conjunta en Lekeitio por la retirada del socio local y Agapito, abuelo de los actuales directores gerentes, decide constituir la sociedad familiar Yurrita e Hijos junto a sus hijos Agapito y Alfonso. Los dos primeros se ocupaban de la producción y Alfonso de la gerencia y del área comercial. En 1965, al fallecer el padre, la estructura se mantiene y la incansable actividad comercial de un Alfonso al que le siguen brillando los ojos cuando habla consigue abrir más mercados para el filete de anchoa en cuya producción su hermano consigue la máxima calidad: Arabia Saudí, Kuwait, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Reino Unido, Bélgica, Suiza… También consiguen importadores para la anchoa en barril como materia prima para salsas. “A E.E. & Brian Smith les suministramos desde hace más de 50 años anchoa como materia prima para la salsa Perrins”.

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