nº135 Noviembre 2009 Archivo
NIPO: 705-09-007-6
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Mundo
Indonesia. La carta de Yakarta

 

 

Indonesia, el mayor archipiélago del mundo. Un país superpoblado, el cuarto del mundo y el tercero de Asia tras China y la India. País de temblores de tierra, unos 7.000 al año (la mayoría moderados), pero que solo este año ha sufrido tres importantes terremotos debido a su situación geográfica en pleno “cinturón de fuego”.

 


 

Este gran país destaca por su enorme potencial económico, tanto en términos de población como por sus recursos naturales y reservas de todo tipo. Sus recursos energéticos abarcan petróleo, gas natural -segundo exportador mundial-, carbón y energía geotermal. Es uno de los mayores productores mundiales de níquel, cobre, bauxita, estaño -segundo del mundo-, hierro, oro y plata. Y dispone de grandes recursos pesqueros, marinos y forestales -es el primer productor universal de aceite de palma.

 

Según el World Economic Forum es ya por su tamaño el mercado número 15 del mundo, y en las clasificaciones del Banco Mundial aparece ya como un país de renta media.

 

En continuo desarrollo


Con algo más de 2.000 dólares de renta per cápita en 2008 (un 20% por encima de los niveles anteriores a la crisis asiática de 1997), el PIB de Indonesia es el mayor de la ASEAN. Pero resalta también su más que notable nivel de importaciones, unos 75.000 millones de dólares, con un 230% de crecimiento en los últimos cuatro años.

 

Estos aspectos positivos no tienen, sin embargo, un fiel reflejo en la imagen internacional del país. “Desgraciadamente, la información en los medios de comunicación es a menudo negativa (terrorismo, terremotos y tsunamis) y pocas veces se presentan los aspectos favorables: islamismo bastante tolerante y democrático, crecimiento sólido y estable del país después de la crisis asiática de finales de los 90, estabilidad política manifiesta”, puntualiza el consejero económico y comercial de la Embajada de España en Yakarta, Santiago Elorza.

 

Impulsada principalmente por el consumo privado, la economía indonesia ha crecido de forma constante en los últimos años. La solidez de su mercado se basa, también, en la diversificación económica del país. Además se ha visto afectada en menor medida que otros países de la zona por la caída en la demanda de exportaciones. Santiago Elorza destaca que “la predicción oficial para 2009 es de un crecimiento del PIB del 4,3% y del 5,5% para 2010, cifras que, a poco que repunte la economía mundial, pueden verse superadas en al menos medio punto porcentual”.

 

Otras variables, como el paro, la inflación o el déficit presupuestario se mantienen en un tono moderado. Por su parte, la deuda externa se redujo en 2008 al 30,7% del PIB, un porcentaje que parece incluso exagerado para el nivel de desarrollo del país.

 

De momento, donde más se está notando la crisis económica internacional es en la confianza del consumidor. El Gobierno ha puesto en marcha un plan de estímulo económico por valor de 6.000 millones de dólares, que incluye estímulos fiscales al empleo, al consumo privado y a la importación.

 

En la situación actual, los retos más importantes de la economía indonesia se centran en la consolidación de una mayor estabilidad de precios, y sobre todo en el mantenimiento y la creación de empleo, así como en la reducción de la pobreza (oficialmente el 15% de la población), para lo que se necesita estimular la inversión y el desarrollo de las infraestructuras.

 

Infraestructuras, el nudo Gordiano


Parece unánime la apreciación de que el lento desarrollo de las infraestructuras desde el comienzo de la crisis asiática de 1997 ha supuesto un auténtico freno al crecimiento económico de Indonesia. Es un país en desarrollo y en muchos aspectos aún por hacer, en infraestructuras desde luego. El World Economic Forum sitúa a Indonesia en el puesto 91 del mundo entre 131 países en este apartado, señalando que estas carencias son actualmente su mayor limitación para el crecimiento. Miguel López, presidente de la empresa española Inster Instalaciones, especializada en sistemas de comunicaciones civiles y militares, incide en la misma idea al afirmar que “la potencialidad del mercado reside precisamente en su gran necesidad de infraestructuras, sobre todo en los sectores tecnológicos”.

 

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