nº136 Diciembre 2009 Archivo
NIPO: 705-09-007-6
Desde la Ofecomes
Necesidades reales

 

Para Rafael Linde, consejero económico y comercial de la Embajada de España en Riad, el país tiene enorme potencial por sus necesidad de producto importado y los numerosos proyectos sacados a licitación.

EL EXPORTADOR: ¿Cómo definiría la situación actual de la economía saudí?
RAFAEL LINDE:
El incremento de la producción y el precio del petróleo en los últimos años se han traducido en enormes superávits presupuestarios y por cuenta corriente, así como en la masiva acumulación de reservas, que ahora se utilizan para reactivar la economía. A pesar de la política fiscal expansiva del sector público, el privado ha sufrido con cierta virulencia los efectos de la crisis económica internacional, especialmente a través de la restricción del crédito y la falta de liquidez.

 

EE: ¿En qué medida le está afectando la actual crisis mundial?
RL:
Es difícil determinar con exactitud el grado de impacto o vulnerabilidad en una economía como la saudí, en donde los grandes grupos empresariales forman entramados muy opacos y complejos. Incluso la concesión del crédito suele estar más condicionada por la importancia del grupo empresarial o familiar que por factores objetivos de solvencia y credibilidad.

 

EE: ¿Qué fines persigue el plan de privatizaciones del Gobierno saudí?
RL:
Las autoridades están cada vez más convencidas de que la privatización es muchas veces la única solución al despilfarro energético, la mala gestión y el derroche de recursos que sufren algunos sectores. Sin embargo, el proceso de privatizaciones en Arabia Saudí suele ser largo en el tiempo, irregular y algo confuso, por lo que es difícil identificar oportunidades de inversión verdaderamente rentables. En sanidad, el Gobierno necesita privatizar o subcontratar la gestión de muchos hospitales públicos, dada la ineficiencia actual. El sistema sanitario español puede convertirse en referente en este proceso. En otros casos, como en el sector del agua, pueden encontrarse actualmente distintos agentes públicos o semipúblicos cuya distribución de competencias es difícil de comprender, lo que aumenta la incertidumbre entre las empresas y genera incluso más costes.

 

EE: ¿Qué oportunidades brinda el plan de infraestructuras del Gobierno saudí?
RL:
El plan es enormemente amplio y ambicioso. Parece poco probable que realmente se vaya a ejecutar tal y como está diseñado y en los plazos previstos (cinco años), dado que depende en gran medida de la financiación privada, actualmente más escasa que cuando se diseñó. Asimismo, es difícil entrar como contratista en alguno de estos megaproyectos, sobre todo por la dificultad de acudir con el socio más adecuado. No obstante, el Gobierno sigue muy activo en lo que a infraestructuras se refiere y está supliendo en gran parte la falta de capital privado, por lo que se abren muchas oportunidades para empresas españolas del sector de la construcción en general. Mención especial merecen los proyectos de energía y agua, así como los de transporte ferroviario, dado su carácter de prioritarios para garantizar cierto nivel de vida y de vertebración del país.

 

EE: ¿Cómo describiría al consumidor saudí?
RL:
En líneas generales, el consumidor medio saudí se fija fundamentalmente en el precio, pero no tiene una buena formación sobre la calidad ni la marca, ni se interesa demasiado por el servicio posventa. Por su parte, el consumidor de alto poder adquisitivo tiene un alto conocimiento del mercado y no escatima en gastos. No obstante, este tipo de consumidor viaja con frecuencia a Europa, por lo que aprovecha sus viajes para comprar productos europeos in situ. Así, este último consumidor no debe considerarse consumidor objetivo para el exportador español.

 

EE: ¿Qué imagen tienen España y sus productos y servicios en Arabia Saudí?
RL:
España es un país muy querido, si bien sus productos y servicios no son bien conocidos por el grueso de la población. Las capas más formadas de la sociedad sí tienen un amplio conocimiento del producto español, pero se le suele considerar excesivamente caro. Muchos saudíes eligen España para pasar sus vacaciones con la familia, por lo que las empresas españolas deberían utilizar este hecho y nuestro pasado árabe para promocionarse y ganar aceptación.

 

EE: ¿Ofrece el país alguna posibilidad de triangulación con países del Lejano Oriente?
RL:
Puede decirse que las relaciones bilaterales entre Arabia y el Lejano Oriente han experimentado un crecimiento espectacular en los últimos años. No es extraño ver empresas saudíes con centros de producción en la India o Malasia. En este sentido, la entrada en el mercado saudí puede abrir ciertas puertas al mercado asiático.

 

EE: ¿Cómo definiría las relaciones bilaterales entre España y Arabia Saudí?
RL:
Desde el punto de vista institucional, las relaciones entre ambos países son muy buenas no solo por nuestro pasado árabe, sino también por la excelente relación entre ambas Casas Reales. En términos comerciales, las relaciones son mejorables aunque aumentan gradualmente. La aprobación de un Plan Integral de Desarrollo de Mercados (PIDM) para los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y las buenas perspectivas económicas para el país en los próximos años hacen pensar que dicha tendencia continuará.

 

EE: ¿Cuáles son las principales dificultades o barreras que encuentra el exportador y el inversor español en Arabia Saudí?
RL:
Si bien el país ocupa el puesto 13º en el ranking Doing Business del Banco Mundial, lo cierto es que en otros terrenos como la seguridad jurídica o la resolución de contenciosos ocupa lugares muy atrasados. Otra dificultad es la falta de transparencia, que abarca desde los concursos públicos hasta el conocimiento de las empresas que pueden constituir el mejor agente o socio comercial. Finalmente, las empresas inversoras tienen que cumplir con una cuota de saudización (mano de obra local), lo cual es muy difícil dada la insuficiente cualificación de dicha mano de obra. JOAQUÍN NÚÑEZ

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