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El intento de la familia real saudí, el alma y razón de ser del Estado más extenso y poblado de la Península Arábiga desde su fundación en 1932, por entibar el crecimiento de una economía demasiado dependiente del petróleo reposa sobre varios pilares, recogidos ya en el 8º Plan Quinquenal de Desarrollo, en vigor hasta el año 2010: mejorar la formación de la fuerza laboral; establecer industrias estratégicas verticales; incrementar la utilización de tecnologías de la información; reducir los obstáculos a la inversión extranjera; continuar en la línea de privatizaciones de empresas estatales; y lograr una mayor participación de la mujer en la vida económica del país.

Pese al relumbre que da su riqueza de recursos, el país sigue siendo el más pobre del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) en términos de renta per cápita. Por otro lado, preocupa al linaje dominante la progresiva contracción de la clase media y se ve apremiado por la necesidad de redistribuir la riqueza para seguir disfrutando del aprecio de sus súbditos.
Pasado el susto del repunte de la inflación vivido desde 2007, que abandonó sus cómodas tasas tradicionales para llegar en julio de 2008 hasta el 11,1%, se han venido aumentando los controles de precios de buena parte de productos y se han elevado los salarios del sector público. Esto, unido al amortiguamiento en el precio de las commodities y al control de la inflación en la mayoría de los socios comerciales del país, hará bajar la inflación al 4,6% en 2009, y hasta el 4% en 2010.
El descenso de los precios del crudo y los recortes de producción, efecto de la crisis internacional, se dejarán notar en una contracción este año del 1% en el PIB saudí, la mitad de cuya composición viene representada por los hidrocarburos. En 2010, empero, con el remonte de la producción de petróleo y el aumento del gasto público, se espera un crecimiento del 3,3%. El Estado, de hecho, puede mantener su generosa política de incentivos y subsidios a la actividad económica sin incurrir en un aumento de su deuda, que la dinámica mundial en el consumo de petróleo lograba reducir del 97% del PIB en 2002 a un 18,7% en 2007, mientras que sus activos en divisa extranjera superaban los 500.000 millones de dólares el pasado año.
Anuncian infraestructuras
El Gobierno saudí ha anunciado un ambicioso plan de infraestructuras que prevé inyectar 400.000 millones de dólares en grandes proyectos en los próximos cinco años. Puertos, aeropuertos, hospitales, plantas de tratamiento, desalinización y abastecimiento de agua, y líneas de ferrocarril serán los principales destinatarios de este plan.
El organismo público independiente Saline Water Conversion Corporation está estudiando la puesta en marcha de 20 nuevos proyectos de desalinización de agua.
Los planes de desarrollo de la red ferroviaria incluyen nuevas líneas de pasajeros y mercancías entre las principales ciudades del país.
En el campo sanitario, se ha proyectado, además de la construcción de 250 centros de salud, la de ocho nuevos hospitales y la modernización de otros 79.
Por ambiciosos, destacan los seis proyectos de las llamadas ciudades económicas, cuatro de ellas iniciadas ya en 2005. La Ciudad Económica Rey Abdullah, situada en la costa del Mar Rojo, contará con puerto, aeropuerto, zona industrial, zona de negocios, zonas comerciales, residenciales, educacionales y de ocio (180 hoteles y un estadio). El distrito financiero Rey Abdullah, en la capital, dedicará un enorme espacio a oficinas. La Ciudad Económica de Hail–Príncipe Abdulaziz bin Mousaed, espera inversiones por valor de 8.000 millones de dólares. La Ciudad del Conocimiento de Medina, que confía en atraer 6.600 millones de dólares de inversión, incluirá museos, parques tecnológicos y universidades. La Ciudad Económica de Jazan, con una inversión esperada de más de 26.000 millones de dólares, contempla la construcción de un complejo para la fabricación de aluminio. Por último, la Ciudad Económica de Tabuk acogerá proyectos civiles, sanitarios y educativos.
Con la construcción de estas seis ciudades, se busca atraer a la industria y crear 1,3 millones de puestos de trabajo. Sobre el papel, el producto bruto total de las ciudades ascendería a 150.000 millones de dólares anuales en 2020 -equivalente al de todo Singapur- y ayudaría a resolver los preocupantes desafíos demográficos, sociales y económicos que afronta el país. Para la primera de estas ciudades, el Fondo Hispano-Saudí de Infraestructuras y Energía, creado en 2006, ya ha aprobado inversiones en proyectos determinados. Solo en el sector transporte, la Saudi Arabian General Investment Autorithy (SAGIA) calculaba que las oportunidades de inversión podían alcanzar los 100.000 millones de dólares.
Se evidencia la necesidad del país de reducir su dependencia del petróleo, y diversificar así su economía. “El programa de diversificación saudí se sustenta en dos grandes ejes”, explica Rafael Linde, consejero económico y comercial de la Embajada de España en Riad. “Por un lado, la industria intensiva en energía: se ha conseguido crear con éxito una potente industria petroquímica, liderada por Saudi Basic Industries Corporation (SABIC). Por otro lado, la creación de una economía del conocimiento y de servicios, que debería suplir complementar y acompañar a la industria del petróleo”.
Demos algunos cálculos más de cifras de inversión. Los ya mencionados proyectos en el sector petroquímico requerirán inversiones valoradas en 500.000 millones de dólares a lo largo de la próxima década. Contando con el ritmo de crecimiento demográfico actual, se estima una necesidad de alrededor de 2,6 millones de nuevas viviendas (600.000 de ellas solo en la zona de la capital, Riad), lo que implica una inversión de 239.700 millones de euros de aquí al año 2020. Además, el país necesitaría hasta 93.000 millones en inversiones para el sector del agua y 91.000 millones en el sector eléctrico durante los próximos 20 años.
Se confía en la inversión
Si bien el Gobierno cuenta con recursos suficientes para abordar una necesaria expansión de las infraestructuras de transporte y tratamiento de agua, para el resto de proyectos confía en atraer inversión extranjera. La SAGIA marca como objetivos preferentes la infraestructura de transporte, de energía y de desalación, la industria del metal y fundición, la industria de las tecnologías de la información y la del conocimiento (conocimiento: educación, ciencias de la vida y atención sanitaria).
El Gobierno saudí ofrece interesantes incentivos a la IED - inversion extranjera directa -, regulada por una ley revisada en 2000, como la financiación de hasta el 50% del coste total del proyecto a través del Fondo de Desarrollo Industrial Saudí. Desde 2002 se permite que los inversores privados extranjeros sean propietarios del 100% del capital en la mayoría de los sectores económicos. En línea con sus compromisos tras su ingreso en la OMC en diciembre de 2005, los servicios financieros vivieron una radical liberalización y en marzo de 2007 la lista de sectores cerrados a la inversión extranjera sufrió una aplaudida modificación, al desbloquear la inversión extranjera en servicios de distribución y comercio mayorista y minorista. Hay incluso una actitud favorable del Gobierno saudí hacia la inversión extranjera en la industria pesada.