Pocos países hay tan lejanos geográficamente a España como Argentina, país de inmigración formado principalmente por una amalgama de italianos y españoles con elementos indígenas autóctonos y la aportación de pequeñas, (o no tan pequeñas) comunidades de origen centroeuropeo, británico o francés. Pero, también, pocos los hay tan cercanos, porque esta mezcla humana ha dado como resultado un país latino, hispano, y de carácter europeo en sus grandes ciudades y principalmente en su capital, Buenos Aires.

Esta diversidad da también como resultado una gran creatividad y vitalidad. Los argentinos son, en líneas generales, despiertos, directos y orientados a los negocios. Vaya usted, por ejemplo, a una farmacia y pida un medicamento por el nombre por el que es conocido en España. Si no existe en Argentina, el farmacéutico buscará en Internet su composición y le ofrecerá su equivalente argentino. Esta anécdota, verídica, ilustra como pocas esa mentalidad de negocios, pero también otro rasgo de los argentinos: su buena disposición y amabilidad hacia los forasteros, especialmente hacia los españoles, que es signo de cercanía cultural y lingüística, aunque a veces puede dar lugar a incómodos (y divertidos) equívocos. Así, evite utilizar el verbo coger (sustitúyalo por agarrar o tomar), tan común en España, pero que en Argentina tiene un significado más sexual e íntimo. Sin embargo, si toma un taxi (no lo olvide, en Argentina los taxis se toman, no se cogen), para ir a una cena de negocios, algo muy normal allí, el tachero (taxista) le empezará a hablar de fútbol y política, al igual que en España. Evite, en este último caso, temas escabrosos como los años de dictadura militar y sus consecuencias, pero hable con total libertad de fútbol, música, arte o literatura. En fin, de todo aquello que une a España y Argentina.
El voseo
A la hora de hacer negocios, los argentinos son cercanos, sí, pero formales, y no solo en el vestir. Como en muchos países de América Latina, son muy usados los títulos de licenciado, doctor, abogado, ingeniero, economista, etc. antes del nombre, así que hágalo usted también en sus primeros contactos. Use el usted hasta que se establezca una relación de confianza y se pueda iniciar el tuteo por su parte y el voseo por la de ellos. Y seguramente, cuando esa confianza se haya afianzado, le invitarán a un asado o a una cena en familia. En este caso, un regalo para el dueño o dueña de la casa nunca estará de más, como tampoco las justas alabanzas hacia la carne y el vino argentinos. Para un argentino, el establecimiento de esta primera relación de confianza es esencial a la hora de hablar de negocios, en los que son duros y directos, pero también diplomáticos y sutiles.
Fuera la condescendencia
Las reuniones de negocios deben ser concertadas de antemano, preferiblemente antes del desplazamiento a Argentina, y pueden desarrollarse, como en España, en horas de la tarde o, incluso, durante una cena. Intente usted también ser directo (sin obviar el respeto) y mire a los ojos de sus interlocutores cuando les hable: la formalidad en Argentina no está reñida con un lenguaje gestual expresivo y con un contacto físico en forma de palmadas. Y no solo le juzgarán por cómo se expresa y cómo negocia, sino también por su apariencia externa, su nivel jerárquico (les gusta tratar con iguales) dentro de la compañía a la que representa y por el respeto que muestre hacia las posiciones de sus interlocutores. Lo que menos le puede gustar al hombre o mujer de negocios argentino es algún recién llegado de España que les trate con condescendencia.
En definitiva, cuando haga negocios en Argentina, sea cercano, pero sin confianzas excesivas; sea cordial, pero manteniendo la distancia hasta que conozca a su interlocutor y le conozcan, y no piense que por hablar el mismo idioma (una enorme ventaja, indudablemente) españoles y argentinos somos iguales. Es cierto que leemos los mismos libros, que escuchamos la misma música o que las películas argentinas triunfan en España y las españolas en Argentina. Igualmente, lo que ocurre en España es noticia en Argentina y viceversa. Existe, ciertamente, una identidad cultural común que permite una enorme proximidad y familiaridad a la hora de hacer negocios, pero también diferencias a las que hay que saber adaptarse. Solo así, reconociendo y aceptando las diferencias, podrá usar a su favor las ventajas de esta cercanía. MANUEL SÁNCHEZ DE NOGUÉS