nº137 Enero 2010 Archivo
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Mundo
Argentina. Futuro abierto


Argentina es el tercer país más poblado de América Latina, por detrás de Brasil y México, con más de 40 millones de habitantes que tienen una renta per cápita de 8.300 dólares. Su economía ha disfrutado de un fuerte crecimiento desde 2003, tras dejar atrás la profunda crisis que se inició a mediados de 1998 y que se prolongó durante cuatro años. Sin embargo, el subconsciente colectivo con frecuencia hace pensar en Argentina como un país eternamente en la encrucijada y que, a pesar de sus abundantes recursos naturales, no logra situarse en la primera división de las economías más desarrolladas.

 

 

Pero es bueno saber que sus habitantes disfrutan de índices de desarrollo humano, PIB per cápita, nivel de crecimiento económico y calidad de vida que se sitúan entre los más altos de América Latina. El PNUD otorga a Argentina el puesto 38 en el ranking del mencionado índice, lo que le mantiene como el país con mejor registro del continente latinoamericano, si bien es cierto que, desde 2007, la distribución del ingreso per cápita parece haber comenzado a estancarse.

 

 

Los años de bonanza


Tras la gran crisis sufrida por el país en el período 1998-2002, en el que una profunda caída del PIB se vio acompañada por la suspensión de pagos y la fuerte devaluación del peso (ver El Exportador, nºs 26 y 81), la economía argentina mantuvo un elevado crecimiento durante los seis años siguientes, con picos de aumento del PIB del 9,2% (2005) hasta reducirse al 6,8% en 2008, una cifra, en todo caso, todavía muy positiva.

 

El modelo de crecimiento, que fue puesto en marcha por el ex-presidente Néstor Kirchner y que ha continuado sus sucesora y esposa Cristina Fernández, se ha basado en una política de lo que se ha dado en llamar superávits gemelos: un peso infravalorado ha impulsado un fuerte crecimiento de las exportaciones del que se ha derivado un importante superávit comercial. Estos resultados se lograron gracias a medidas no excesivamente ortodoxas (regulaciones, control de precios, control de exportaciones, subsidios al sector privado, etc.) que finalmente han dado lugar a ciertos desequilibrios macroeconómicos, como el elevado gasto público y una alta inflación.

 

El año 2008 comenzó con buenas expectativas de crecimiento, pero diversos factores, tanto internos como externos, las fueron rebajando. Entre los internos cabe destacar el conflicto entre el Gobierno y las organizaciones rurales por la intención oficial de aumentar los impuestos a la exportación de granos. Finalmente la iniciativa fue rechazada, pero la desconfianza que generó, junto a la decisión de nacionalizar los fondos de pensiones en diciembre de 2008, provocaron una intensa fuga de capitales que continuó hasta mediados de 2009.


 

2009 un año difícil


El año 2009 presagiaba negros nubarrones para la economía argentina, ya que la actividad industrial, influenciada por la situación internacional, disminuía de forma importante; la inflación se mantenía en cifras cercanas al 15%; el desempleo y el subempleo rompían con la tendencia de reducción de años anteriores, alcanzando a más del 19% de los argentinos; se producía un aumento del gasto público debido a las subidas salariales y a la inflación, entre otros factores, lo que ha provocado un déficit fiscal que probablemente llegará al 1,9% del PIB cuando se conozcan las cifras de cierre del año 2009.

Sin embargo, las previsiones para el desempeño final del pasado ejercicio y para 2010 son relativamente optimistas.

 

Empresarios españoles como Jesús Rodríguez, director del Área de España, Portugal e Iberoamérica del Grupo Ormazábal, fabricante de bienes de equipo eléctrico y con 10 años de presencia en Argentina, opinan que “hasta la fecha, la crisis económica mundial ha afectado al país menos de lo que lo ha hecho en Europa y especialmente en España”. El Banco Mundial prevé una contracción del PIB del 1,5% para 2009. Existe una mayor confianza en la capacidad argentina para hacer frente a sus deudas, lo que ha reducido el riesgo país (desde los 1.900 puntos de principios de año a solo 700).

 

El propio consejero económico y comercial de la Embajada de España en Buenos Aires, Jorge Mariné, estima que “al tratarse de un país con poco acceso al crédito internacional, una limitada ‘bancarización’ y por tanto poco dependiente de la financiación bancaria, el efecto inicial de la crisis financiera ha sido reducido. Las previsiones para el año que viene son razonablemente favorables en cuanto al crecimiento, al igual que en otros países de la zona. En Argentina, donde se prevé que el PIB crezca entre el 3% y el 4%, será de gran ayuda especialmente la importante cosecha de cereales y de soja que se espera”.

 

Buscar protección

Durante el período de la convertibilidad, Argentina era una de las economías menos abiertas del mundo, al suponer su comercio exterior tan solo un 18% del PIB. Posteriormente, este ha ido aumentando notablemente su participación en la producción nacional, llegando a un grado de apertura comercial del 38,9% durante 2008. Esta apertura se vio frenada por la devaluación del peso en 2002 que, durante los años siguientes, actuó como una poderosa barrera comercial (apoyada por el Gobierno, que mantenía una especial depreciación del peso). Sin embargo, la alta inflación de los últimos años y la política cambiaria de los últimos meses (que ha supuesto una apreciación del peso frente a numerosas monedas) han hecho que esta protección frente a las importaciones deje de ser efectiva. El país ha ampliado la aplicación de las licencias no automáticas de importación a nuevos productos, incumpliendo además los compromisos establecidos por la OMC de resolver estas licencias en un plazo de 30 ó 60 días (según la forma de tramitación).

 

También exige numerosos certificados de origen, de composición, sanitarios y fitosanitarios, normas específicas de etiquetaje, etc., que funcionan en realidad como barreras de entrada. Finalmente, Argentina ha defendido el aumento de los aranceles de numerosos productos en el marco del Mercosur.

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