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El todavía Lejano Oeste
A principios de 1849, una enorme cantidad de buscadores de oro y mercaderes se desplazó hacia California; llegaban con la intención de probar suerte en ese nuevo territorio. La fiebre del oro originó un masivo movimiento migratorio que dio vida a lo que entonces era un lugar salvaje. A través de la senda de Oregón llegaron colonos, rancheros, granjeros, mineros y hombres de negocios. Ya entonces, la zona oeste de los Estados Unidos se presentaba como una promesa, y como tal se ha mantenido en el imaginario colectivo.

Asimetrías
Según Jorge Sanz, consejero de la Oficina Económica y Comercial (Ofecomes) de España en Los Ángeles, si analizamos la economía de la región por el lado de la demanda, vemos que el oeste no es muy diferente del resto del país: “A pesar de los 4.000 kilómetros que separan ambas costas, los hábitos de consumo son prácticamente los mismos”. No obstante, por el lado de la oferta, la economía del oeste sí presenta ciertas especificidades. Así, la agricultura tiene una importancia en esta región que, si bien es menor que en el centro, es mucho mayor que en el noreste. Del mismo modo, la industria tiene un peso por lo general menor que en el este, aunque, según Sanz, “se concentra cada vez más en sectores de alto valor añadido como las tecnologías de la comunicación, la informática, la industria audiovisual o la aeronáutica”.
Al hablar de la economía del oeste, hablamos también de la pervivencia de industrias tradicionales. Como apunta Sanz, “el oeste es una región asimétrica en la que la actividad se concentra alrededor de determinados grandes núcleos dispersos en un inmenso territorio: los grandes clusters donde bulle la actividad industrial (como Silicon Valley) y las conurbaciones en las que se concentra el sector servicios (como sucede en la bahía de San Francisco, en Los Ángeles, en Denver o en el enclave Seattle-Tacoma)”. Por su parte, los estados o zonas menos desarrolladas y más dependientes de actividades tradicionales están esforzándose por diversificar su economía.
La influencia federal
La economía del inmenso territorio del oeste no puede entenderse sin el trasfondo genérico de la economía nacional.
Los Estados Unidos parecen estar saliendo de la crisis. El Congreso aprobó en febrero del año pasado el American Recovery and Reinvestment Act of 2009, con los objetivos inmediatos de crear puestos de trabajo, estimular la actividad económica e invertir en el crecimiento económico. Pero la sombra del déficit fiscal y de la deuda empaña los primeros datos positivos.
Ambiciosas aspiraciones como el nuevo plan energético (cuyo objetivo es que el 25% de la energía consumida por los Estados Unidos en 2025 proceda de fuentes renovables) o la reforma sanitaria recientemente aprobada, apuntan hacia una creciente modernización del país en materias en las que las empresas españolas poseen una sólida experiencia, lo que abre todo un horizonte de oportunidades. Pero en la nueva etapa de la economía estadounidense, la prioridad más inmediata no es tanto favorecer la entrada de empresas foráneas como impulsar la actividad de las compañías estadounidenses en el exterior. Los Estados Unidos presentan pronunciados déficits comerciales con socios clave como China, la Unión Europea o los países de la OPEP. Por esta razón, Obama estableció en su primer discurso sobre el estado de la Unión el objetivo de duplicar las exportaciones estadounidenses en los próximos cinco años, en un esfuerzo que se conoce como la National Export Initiative.
Esta prioridad ha dado lugar a polémicas cláusulas que a veces son tachadas de proteccionistas, como el Buy American, que requiere el uso de bienes estadounidenses para llevar a cabo proyectos públicos financiados por los planes de recuperación económica, aunque fue suavizado por el Senado.
El Oeste tecnológico
Este panorama nacional es en gran medida extrapolable a lo que sucede en el oeste. Sin embargo, esta zona presenta sus propias tendencias y disparidades. La alta tecnología es quizá el sector más reseñable, y el paradigma del mismo es Silicon Valley, cuyo modelo ha sido adoptado a menor escala en otras zonas de la región. Estos clusters aglutinan a la mayor comunidad emprendedora del mundo y a varios de los mejores centros de formación e investigación.
Según Pedro Moneo, consejero delegado y fundador de Opinno, una red española de innovación abierta con presencia en Silicon Valley, “estos polos tecnológicos no son solo un lugar para crecer, sino un lugar desde el que crecer hacia los mercados asiáticos, americanos e incluso europeos, apoyándose en alianzas”. A su vez, Moneo sostiene que en el mercado de las nuevas tecnologías de la Costa Oeste proliferan las convivencias inversor-emprendedor, en un formato en el que “los emprendedores reciben mucho más que financiación, ya que reciben también la experiencia de emprendedores de éxito”.
La crisis del Oeste tradicional
La crisis parece haberse cebado más persistentemente en la zona oeste que en otras zonas del país, y la recuperación está siendo más fuerte en el este, que presenta en general un mayor plantel de capital humano e innovación. Las economías dominadas por la producción de bienes duraderos, la agricultura y la construcción están experimentando los mayores problemas. Según un informe publicado por el Federal Reserve Bank of San Francisco, la economía de la región sigue débil y “hay pocos aspectos brillantes que comentar”.