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En comparación con otros países asiáticos, Corea del Sur tiene un tamaño y una población reducidos, pero es la cuarta potencia económica del continente, tras Japón, China y la India. Sus 48 millones de habitantes viven preferentemente en zonas urbanas (el 81% de la población) y la densidad demográfica del país alcanza los 489 habitantes por km2.
Su economía tiene una fuerte base industrial orientada principalmente a la exportación (ver El Exportador, nº 113). Por esta razón, el tamaño tanto del sector primario como el de servicios es menor y, en concreto, el primero mantiene un progresivo declive en su contribución al PIB.
La industria coreana ocupa los primeros puestos en varios rankings mundiales: es la primera en construcción naval y en producción de pantallas TFT-LCD; figura en tercer lugar en la producción de semiconductores y el quinto en la de automóviles. Destacan también los sectores petroquímico, siderúrgico y de aparatos eléctricos y electrónicos.
Sin embargo, se trata de un país con una fuerte dependencia de la importación de materias primas, principalmente petróleo y combustibles, que suponen anualmente un 30% de sus compras al exterior. Además, sus exportaciones incorporan un alto porcentaje de componentes importados, normalmente productos de gran valor añadido adquiridos en Estados Unidos o Japón, o muy intensivos en mano de obra, que provienen de China.
Crisis a distancia
Corea del Sur fue una de las pocas economías del mundo que no sufrió el período álgido de la crisis (2009). Su PIB siguió creciendo (aunque en 2009 se redujo considerablemente) y desde 2010 alcanzó de nuevo tasas muy altas: 6,1% en dicho año y superior al 4% en 2011.
Como afirma José Luis Echániz, consejero económico y comercial de la Embajada de España en Seúl -y buen conocedor del país, pues no en vano ha repetido destino en la capital coreana-, “estos resultados son el fruto de una política económica de decidido apoyo a los sectores exportadores del país, con numerosas medidas que van desde la devaluación del won con respecto a su valor de equilibrio hasta la concesión de ayudas públicas, financiación privilegiada, paquetes de estímulo centrados en el desarrollo de tecnologías verdes exportables, etc.”.
Destaca Echániz que “con el excelente crecimiento de la economía, una tasa de paro que se corresponde con el desempleo friccional (definido como aquel que se produce por algún tipo de imperfección en el mercado laboral y que difícilmente puede eliminarse) y el constante aumento de las reservas y mejora de la posición exterior, las principales vulnerabilidades de Corea vienen del sector exterior: una crisis en sus principales mercados haría caer sus exportaciones y, por otra parte, la devaluación del won provoca un aumento de la inflación, que cerró 2011 por encima del 4%”.
En cualquier caso, el momento económico es excelente. La economía coreana crece a un ritmo muy elevado y la demanda de exportaciones ha aumentado movida por la necesidad de bienes intermedios para los sectores exportadores y por el aumento del consumo.
Apertura y proteccionismo
El grado de apertura comercial de Corea es muy elevado. En 2010, el peso del sector exterior supuso un 76% con relación al PIB. Sin embargo, el país es al mismo tiempo muy proteccionista, especialmente en sectores como el agroalimentario y el de bienes de consumo, como se ve a través del gran número de procesos de solución de diferencias de los que es parte en la OMC, debido a la existencia de numerosas reglamentaciones internas sobre certificaciones, estándares, registros, requisitos sanitarios y fitosanitarios y de protección al consumidor, etc., que conforman una auténtica pléyade de barreras no arancelarias.
Esta situación debe cambiar tras la entrada en vigor del Acuerdo de Libre Comercio (ALC) entre Corea del Sur y la UE el pasado 1 de julio de 2011, si bien se producirá de forma progresiva. Los aranceles llegarán a eliminarse, aunque de forma escalonada para limitar los daños que pudieran sufrir los productos más sensibles a la competencia europea.
En el capítulo de las inversiones directas, el país recibe unos flujos de capital extranjero per cápita muy inferiores a los del resto de países de la zona, a pesar de las medidas de fomento puestas en marcha por el Gobierno y de la creación de zonas francas con incentivos fiscales notables para la implantación de empresas extranjeras. Según informa la Ofecomes española en Seúl, “las causas de esta relativa falta de interés podrían ser, entre otras, los altos costes de la mano de obra, el tamaño relativamente pequeño del mercado interno en comparación con el de los países vecinos, las dificultades para penetrar en la red de contactos e influencias determinadas por la omnipresencia de los llamados chaebol (grandes corporaciones empresariales que dominan sectores enteros de la economía) y, finalmente, la diferencia entre los incentivos ofrecidos sobre el papel y la realidad de una aplicación compleja y discrecional de los mismos”.
España, poco presente en Corea
“Nuestras relaciones económicas bilaterales son insuficientes, en el sentido de que la importancia de ambos países permitiría esperar un mayor volumen de exportación e inversión exterior”, relata José Luis Echániz. “En todo caso -añade-, desde la crisis financiera asiática de 1997, nuestras exportaciones han crecido a un ritmo espectacular, tendiendo además a la eliminación del déficit comercial que se repetía año tras año a favor de Corea. Esta es una tendencia muy prometedora que, hasta el momento, ha permitido aumentar la cobertura de nuestras exportaciones hasta casi el 50%”.
Sin embargo, tanto la presencia de empresas españolas como los flujos de inversión directa procedentes de nuestro país son reducidos, lo cual resulta, hasta cierto punto, sorprendente, dada la entidad y el grado de desarrollo de ambos países y la complementariedad de sectores que puede adivinarse al examinar la estructura sectorial de las dos economías.
Los productos españoles son relativamente desconocidos, pero su percepción está mejorando recientemente, tanto por la calidad con la que se les asocia como por el creciente número de personas que pueden identificar algún producto como español. “España es percibida cada vez más como un país europeo, productor de bienes y servicios de calidad, con el consiguiente efecto favorable sobre el precio y la penetración de los productos. Esta situación supone una mejora notable respecto a la de hace unos años, cuando muy pocos coreanos podían situar España en un mapa”, señala el consejero español en Seúl.
Ello se ha debido a una serie de factores favorables, como son la mayor penetración de algunas marcas de consumo de masas, la conclusión del Acuerdo de Libre Comercio ya mencionado, el aumento del turismo, un mayor interés por el estudio de idiomas, etc.