La economía brasileña vive un momento pujante que le permite superar mejor esta etapa de crisis económica mundial.
Los grandes contrastes son el aspecto más relevante que definen a Brasil y a su sociedad. Es la quinta nación más extensa y poblada del mundo, limita con todos los países de Sudamérica, a excepción de Chile y Ecuador, y la magnitud de su territorio es tal que ocupa casi la mitad del sur de este continente. Su gran dualidad se manifiesta en diferentes aspectos, como por ejemplo, en la existencia en su territorio de amplias áreas prácticamente despobladas, frente a las enormes metrópolis de Río de Janeiro o São Paulo. O en una distribución de la riqueza que hace convivir en la misma sociedad a grupos con un desarrollo similar al de los países europeos, junto a bolsas de pobreza propias del subdesarrollo. Y para hacer más colorista este escenario, su población está compuesta por una impresionante mezcla de razas y culturas, que dan lugar a un universo de manifestaciones culturales y religiosas sin par.

Por tanto, se trata de un país muy heterogéneo, que también es diferente del resto de Latinoamérica desde un punto de vista económico, puesto que cuenta con un desarrollo industrial y de servicios superior al del resto de sus vecinos. Por ello, hay que tener presente que algunos sectores económicos son ya maduros y muy competitivos. Además, desde un punto de vista político, se trata de un país estable que en su día a día demuestra la solidez de sus instituciones democráticas y que goza de un creciente protagonismo en el escenario internacional.
El Fondo Monetario Internacional ha estimado para el año 2009 una contracción de la economía brasileña cifrada en el 1,3%, que difiere del 0,58% que pronostica el Banco Central de Brasil. No obstante, en cualquier caso Brasil está hoy en mejores condiciones para afrontar la crisis que en el pasado y mejor que muchos de los países desarrollados. Cuenta con un importante volumen de reservas acumulado, un sistema financiero sólido y unos todavía altos tipos de interés que, junto a una inflación bajo control, permiten margen de maniobra para continuar reduciéndolos.
La inversión extranjera
Según la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), Brasil es el cuarto destino mundial más atractivo para la inversión tras China, los Estados Unidos y la India. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que este año se va a producir un descenso de IED en la región de entre un 35 % y un 45%, lo que supone un fuerte contraste con el aumento que experimentó en 2008 de un 13%. En el caso concreto de Brasil, la IED pasó desde los 34.600 millones de dólares en 2007 hasta los 45.100 millones en 2008, de acuerdo con los datos del Banco Central de Brasil. Este año, incluido abril, ya contabiliza 11.230 millones de dólares.
Aparte de factores como su buena dotación de recursos naturales, base industrial diversificada, tamaño de mercado y estabilidad económica y política, los españoles cuentan con un factor añadido de proximidad cultural y con una buena imagen país. Esto último, sobre todo gracias a la actuación de las empresas españolas que ya están implantadas en el mercado. La otra cara de la moneda está en las dificultades derivadas del complicado marco jurídico y fiscal, de la burocracia y lentitud que siguen los procesos administrativos y de la todavía deficiente dotación en infraestructuras de transporte que tiene el país.
La inversión española en Brasil ha recuperado el cuarto puesto como principal emisor de IED tras Alemania, los Países Bajos y los Estados Unidos en los primeros cuatro meses de 2009. Por sectores, la construcción especializada en diferentes infraestructuras de transporte ha sido el destino del mayor volumen de inversión española, seguido del comercio al por menor, la educación y las actividades inmobiliarias. Las principales oportunidades surgen en todos ellos y en el macrosector de la energía; los relacionados con el medio ambiente; la automoción y su industria auxiliar; el turismo; la maquinaria; y por último, el negocio agrario y los proyectos de regadío.
Brasil actualmente no cuenta con acuerdos de promoción y protección recíproca de inversiones con ninguna nación, pero con España sí tiene firmando un convenio para evitar la doble imposición y el fraude fiscal en vigor desde 1975.
Incentivos a la inversión
El país no tiene una ley general que regule el régimen de la inversión exterior, hay varias leyes federales y del Banco Central de Brasil, además de regulaciones sectoriales específicas, que tienen este cometido. No obstante, los principios generales que regulan la IED son: ausencia de autorización previa, igualdad de condiciones para el capital nacional y extranjero, la inversión se puede efectuar libremente a través de filiales o joint ventures en cualquier porcentaje de participación y, además, se puede repatriar capital libremente. Sin embargo, hay prohibiciones y restricciones a la presencia de capital extranjero en las siguientes áreas: asistencia sanitaria, actividades relacionadas con la energía nuclear, medios de comunicación, derechos de propiedad en áreas rurales y actividades comerciales junto a fronteras internacionales, transporte aéreo doméstico, minería y energía hidráulica, transporte de carga por carretera, navegación de cabotaje, correos y telégrafos e industria aeroespacial. Para la prestación de servicios financieros es necesaria la autorización previa del Gobierno.
Los apoyos a la inversión extranjera dependen del área geográfica y del sector económico. En general, los incentivos consisten en beneficios fiscales, financiación específica, programas de apoyo y otras concesiones a escala tanto federal como regional, estatal y municipal.
A escala federal, los incentivos normalmente consisten en reducciones de la base imponible de determinados impuestos como el IRPJ (Impuesto de la Renta de Personas Jurídicas), o incluso exenciones o deducciones fiscales de otros impuestos. Las normas brasileñas contemplan incentivos a la exportación, a la importación de bienes de capital y a sectores como el calzado, cuero, textil, de confección y de muebles de madera. También al desarrollo de infraestructuras y a la innovación en la empresa, tanto con incentivos fiscales como con programas que pretenden favorecer la competitividad. Hay otros incentivos para las pequeñas empresas que facilitan y simplifican la declaración de impuestos, así como líneas financiación del Banco Nacional de Desenvolvimiento Económico (BNDES) dirigidas a cubrir las necesidades de apoyo financiero de las empresas de cualquier envergadura y sector establecidas en Brasil.
Dado el tamaño del país, desde un punto de vista regional, es decir, con competencias en varios estados, hay instituciones como los bancos de desarrollo regional y agencias de desarrollo (ver recuadro), que cuentan con sus propias líneas de financiación y programas de incentivos, a la vez que, en una escala más pequeña, cada estado cuenta con agencias de promoción y atracción de la inversión propias. Por último, en el ámbito municipal los proyectos de inversión también pueden beneficiarse de diversos incentivos que varían en función del municipio, el tipo de proyecto a realizar, su ubicación específica y su impacto para el desarrollo económico. Normalmente los apoyos suelen ser incentivos fiscales en los impuestos del propio municipio y facilidades en la búsqueda y negociación de terrenos, incluso la disponibilidad de los mismos a precios inferiores a los de mercado, suministro energético, abastecimiento de agua en condiciones especiales, o negociación de concesiones con las autoridades responsables.
Agencias de apoyo a la inversión
Las agencias de atracción de la promoción de la inversión extranjera a escala federal en Brasil son la Agencia de Promoción de Exportaciones e Inversiones (APEX) y la Red Nacional de Informaciones sobre Inversión (RENAI). La APEX se encarga de la promoción comercial del Gobierno brasileño y de la atracción de la inversión extranjera al país. Cuenta con una unidad de inversiones que ofrece servicios de asesoría y consultoría, información, estudios y bases de datos de inversiones, a la vez que promueve iniciativas como ruedas de negocio o misiones con el objetivo de incrementar el flujo de inversiones.
La RENAI está vinculada al Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior y representa una red de informaciones sobre la actividad inversora en el país que incluye las líneas de financiación disponibles y los incentivos e información económica sobre el potencial de los diferentes estados y municipios para atraer inversiones. La RENAI pretende articular medidas que faciliten la realización de nuevos proyectos de inversión en el país y participa también en la promoción y organización de eventos que favorezcan la atracción de inversiones extranjeras.