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Desde un punto de vista tecnológico, Corea del Sur es uno de los mercados más avanzados del mundo.
Situado entre dos de las grandes potencias asiáticas, el país define su posición como un gran fabricante de productos de alto valor añadido que exporta a mercados de todo el mundo y que se caracteriza por el fuerte dinamismo de su economía. Así, a lo largo de los últimos años la renta per cápita ha venido incrementándose significativamente hasta acercarse a la cota de los 20.000 dólares, lo que da una idea del grado de desarrollo alcanzado por esta república asiática de 49 millones de habitantes, que en poco más de tres décadas ha pasado de ser fundamentalmente agraria a convertirse en un ejemplo de desarrollo tecnológico e industrial.
El elevado grado de apertura de la economía coreana y unos patrones de consumo de acuerdo a los gustos occidentales son factores a tener en cuenta para aprovechar las oportunidades de inversión que ofrece este mercado asiático. Otro elemento no muy conocido de Corea, que liga al país con una inusual tradición occidental en Asia, es que prácticamente más de un cuarto de su población es de religión cristiana, mayoritariamente protestante.
El comportamiento de la economía coreana desde la recuperación de la crisis de 1997 ha sido excelente, se han registrado altas tasas de crecimiento económico, junto a una inflación moderada y un bajo índice de desempleo. No obstante, la crisis financiera internacional actual también ha afectado a Corea, con una reducción en la demanda de sus exportaciones, una mayor dificultad para el acceso al crédito exterior, lo que repercute de forma negativa en la estabilidad de su moneda, el won, y con el temor de las entidades financieras a aumentar el riesgo asumido en sus balances, de lo que resulta una disminución en el crédito interno.
La fuerte desaceleración económica registrada en el segundo semestre del año 2008 dejó la tasa de crecimiento del PIB en el 2,3%, según los datos de The Economist Intelligence Unit, en el 0,2% en el año 2009, y con estimaciones del 5% y del 4% para los años 2010 y 2011, respectivamente. De momento, todo parece señalar que la economía está comenzando su recuperación, lo cual no es óbice para que el Gobierno haya señalado su intención de mantener sus medidas de estímulo fiscal ante un futuro que todavía no está del todo claro.
La inversión extranjera
Aunque el tamaño del mercado coreano sea pequeño comparado con otros vecinos asiáticos y cuente con costes salariales elevados, a su favor hay que considerar tanto la buena cualificación de su mano de obra como su creciente productividad. El sector que ofrece más oportunidades para la inversión extranjera directa (IED) es el de suministro de componentes para la industria local de automoción. Pero de cerca le siguen también la fabricación de componentes y de partes para la industria de la electrónica y para la construcción naval.
Por otro lado, en relación con la dependencia energética del país por su falta de fuentes de energía, la inversión en energía eólica tiene un futuro prometedor, puesto que la falta de experiencia en ese sector de actividad en el país se está supliendo con la creación de joint-ventures con empresas extranjeras.
Además, la Private Participation in Infrastructure Act permite la participación de capital privado extranjero en la construcción y gestión de infraestructuras, aunque de momento la presencia extranjera es muy selectiva y reducida. Respecto a las privatizaciones anunciadas para los sectores energético, de gas y transporte ferroviario, de momento se encuentran paradas, tanto por su impopularidad como por las protestas de sus trabajadores. No obstante, el Gobierno que se hizo cargo de su mandato a finales de 2008 es un firme partidario del sector privado y ha manifestado sus intenciones de llevar a término las privatizaciones pendientes.
Desde un punto de vista bilateral, según los datos de DataInvest, la inversión española en Corea pasó de los 43,59 millones de euros en 2008 a 172,07 millones de euros en 2009. Asimismo, entre España y Corea hay firmados tanto un Convenio para Evitar la Doble Imposición, como un Acuerdo de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones, ambos del año 1994.