nº143 Julio 2010 Archivo
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Mercados. Apertura
Renovando piezas

 

Enmarcadas en un panorama lleno de buenas intenciones y con condiciones naturales idóneas para su desarrollo, las energías limpias todavía tienen que enfrentarse al gran protagonista energético mexicano, el petróleo.

La alta dependencia energética de México de los hidrocarburos ha sido la responsable del tardío desarrollo de las energías renovables en el país. Consciente de los riesgos que esta dependencia conlleva, y del agotamiento de las reservas petrolíferas, el actual Gobierno mexicano ha impulsado la diversificación de fuentes de energía mediante políticas basadas en el desarrollo de las energías renovables. Son muchas las metas fijadas por el Gobierno, cuyo objetivo es lograr que el 26% de la generación eléctrica del país provenga de energías renovables para el año 2016. Este impulso gubernamental conforma, en principio, un panorama proclive para que las energías renovables encuentren su sitio definitivo en la generación de energía eléctrica en México.

 

México cuenta con unas condiciones climáticas y geográficas idóneas para el desarrollo de las energías renovables. A lo largo de todo el país se encuentran repartidos recursos solares, eólicos, hídricos y geotérmicos. De hecho, México, junto con Brasil, es uno de los mercados de América Latina con mayor potencial para las energías limpias. “Si bien la energía renovable más desarrollada en México es la geotérmica, esta va a ser superada a corto plazo por la energía eólica”, comenta Julio Alberto Valle, director general de Investigación, Desarrollo Tecnológico y Medio Ambiente de la Secretaría de Energía (SENER). Pero la alta dependencia de los hidrocarburos, que suponen el 90% de la producción de la energía primaria, además de la todavía escasa participación privada en el panorama eléctrico de México -pues la empresa pública Comisión Federal de Electricidad CFE es la única que, constitucionalmente, puede generar y transmitir electricidad- ha ralentizado el desarrollo de energías alternativas en el país. Tan solo el 22,43% del total de la capacidad instalada en México corresponde a 21 centrales construidas con capital privado, en su mayoría centrales de ciclo combinado, aunque cada vez más van teniendo mayor cabida los proyectos de renovables.

 

 

Lo que el viento nos dejó


México cuenta con amplias áreas de excelentes recursos eólicos, que suponen un potencial instalable superior a los 10.000 MW. De hecho, solo en el Istmo de Tehuantepec, en el estado de Oaxaca, se podrían instalar más de 4.000 MW, lo que la convierte en una zona privilegiada a escala mundial para el aprovechamiento de recursos eólicos. El principal problema coyuntural ha sido la carencia de una red de transmisión adecuada para la evacuación de la energía eléctrica desde los puntos de generación hasta los puntos de consumo, que se ha visto acentuada en determinadas zonas, como el mencionado Istmo de Tehuantepec. “Las empresas promotoras con proyectos en esta zona no estaban facultadas para desarrollar la infraestructura eléctrica necesaria para que sus proyectos se pudieran realizar. Por ello, en el año 2007, el Gobierno Federal lanzó el mecanismo denominado Temporada Abierta, que permitió la construcción de líneas que transmitirán hasta 3.000 MW”, explica Valle. Varias empresas españolas operadoras en Oaxaca son partícipes de este mecanismo, como Iberdrola Renovables, Gamesa Energía y Acciona Energía, entre otras.

 

Otro de los problemas a los que han tenido que hacer frente las empresas que han desarrollado proyectos eólicos es la localización y utilización del suelo. Muchos de los recursos eólicos se encuentran situados en tierras regidas por comunidades agrarias, buena parte de ellas indígenas (ejidos). Ha sido la desconfianza de estas comunidades hacia la gestión de muchos de los proyectos lo que ha dificultado los procesos de negociación sobre el precio de arrendamiento o de venta de las tierras. Por ello, cada vez más las empresas, como la española Acciona, conciben programas de desarrollo social para apoyar a la comunidad a la que arriendan las tierras. “Proyectos tales como la colaboración en programas de I+D con la Universidad del Istmo de Tehuantepec o la construcción de una casa cultural nos han hecho superar estos obstáculos”, explica Miguel Ángel Alonso, director general de Energía de Acciona México.

 

Abriendo puertas


A partir de 1992, se abre la puerta a la iniciativa privada, a la que se le permite participar únicamente en la generación de energía, mediante diversas modalidades. A través de licitaciones públicas internacionales, la CFE otorga la construcción y explotación de parques eólicos a la empresa que ofrezca el precio más competitivo y cumpla con los criterios marcados por la Comisión Reguladora de Energía (CRE). La empresa adjudicataria se encarga de la construcción del parque y de su explotación durante 20 años. Las últimas centrales eólicas en el país se han desarrollado bajo los esquemas de productor independiente y de autoabastecimiento.

 

Otra posibilidad de participación privada, sin pasar por un proceso de licitación, es la de llevar a cabo los denominados proyectos de pequeño productor. Se trata de proyectos con capacidad menor o igual a 30 MW, donde la energía se destina a la venta a la red de la CFE, a la exportación, o al suministro de pequeñas comunidades rurales o áreas aisladas que carecen de servicio eléctrico.

 

Por un mapa diversificado


Aunque la energía eólica cuenta, en principio, con unas condiciones más favorables para su desarrollo en México, la energía solar presenta mayores ventajas para desarrollar pequeños proyectos. En la actualidad no se están llevando a cabo grandes proyectos de energía fotovoltaica de conexión a red en el país, ya que la tarifa eléctrica no permite la rentabilidad de los proyectos, debido a la falta de apoyo gubernamental a esta fuente de energía y a la fuerte competencia de las energías tradicionales. La energía solar térmica, por su parte, sí está recibiendo un mayor impulso gubernamental a través de los planes de construcción sostenible del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT).

 

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